Acceso inteligente a tecnologías sanitarias: claves para transformar los sistemas de salud con equidad y sostenibilidad

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Acceso inteligente a tecnologías sanitarias: claves para transformar los sistemas de salud con equidad y sostenibilidad

La creciente presión sobre los sistemas de salud ya no es una advertencia futura, sino una realidad estructural. En Chile, el envejecimiento de la población, la transición epidemiológica y el aumento sostenido de enfermedades crónicas conviven con una rápida incorporación de tecnologías sanitarias de alto costo, tensionando los presupuestos públicos y obligando a redefinir con urgencia, cómo se priorizan, financian y gestionan las innovaciones en salud.

Aunque Chile destina cerca del 10,5% de su PIB al gasto en salud, una cifra comparable al promedio de la OCDE, la similitud es solo aparente. El gasto per cápita ajustado por paridad de poder de compra es significativamente menor que el de los países desarrollados, lo que revela un margen fiscal mucho más estrecho para absorber innovación tecnológica. A ello se suma un elevado gasto de bolsillo, cercano al 35% del gasto total en salud, muy por encima del promedio OCDE, junto con una baja satisfacción ciudadana respecto de la disponibilidad y calidad de la atención.

La Directora Académica del Programa Intensivo Transformación y Acceso a Mercado de Salud de Alta Dirección FEN UCHILE, Daniela Sugg, señala que avanzar simultáneamente en mayor cobertura, suficiencia y protección financiera exige cambiar la forma en que se toman las decisiones. “La respuesta no está en frenar la innovación, sino en incorporarla de manera más inteligente, con foco en el valor que genera para las personas y para el sistema”, afirma Daniela.

El concepto de acceso inteligente a tecnologías sanitarias supone un cambio de paradigma: pasar desde decisiones reactivas, fragmentadas y poco transparentes, hacia un modelo que articule evaluación económica, gestión de tecnologías y sostenibilidad fiscal. El objetivo central es maximizar el valor en salud, garantizando mayor equidad en el acceso y legitimidad social en las decisiones de cobertura.

Un primer elemento clave es la priorización. No toda innovación genera el mismo impacto sanitario ni social, y reconocer esta realidad es fundamental. “Toda decisión de cobertura implica priorizar, y esa priorización es inevitable. La diferencia está en si se hace con reglas claras, criterios objetivos y procesos transparentes, o de manera opaca y reactiva”, explica Daniela Sugg. La priorización debiera partir por un análisis explícito de la necesidad sanitaria, considerando la carga de enfermedad, la severidad, el riesgo vital y las brechas de acceso existentes.

A ello se suma la evaluación del valor clínico comparado, entendiendo la tecnología sanitaria en un sentido amplio: medicamentos, dispositivos médicos, equipamiento, procedimientos, modelos de atención y formas de organización de los servicios. Evaluar ex ante implica incorporar una lógica causal clara, considerando las condiciones reales de implementación, las capacidades de la red asistencial y la continuidad del cuidado. Finalmente, la sostenibilidad financiera, a través de estudios de costo-efectividad e impacto presupuestario, resulta clave para evitar decisiones que, aún siendo clínicamente atractivas, comprometan la viabilidad del sistema en el mediano plazo.

Chile no parte desde cero. En la última década se han desarrollado capacidades relevantes en Evaluación de Tecnologías Sanitarias (ETS), especialmente en el marco de la Ley Ricarte Soto y los procesos asociados a ETESA, pero persisten desafíos estructurales. “Un sistema de toma de decisiones basado en evidencia requiere no solo producir evaluaciones, sino también contar con una institucionalidad capaz de analizarlas, validarlas y transformarlas en recomendaciones públicas, trazables y consistentes”, advierte la académica de Alta Dirección FEN. 

A pesar de los avances, Chile enfrenta barreras sistémicas relevantes: fragmentación institucional y de financiamiento, limitada interoperabilidad de datos clínicos y administrativos, brechas en la capacidad instalada de la red asistencial y escasez de equipos técnicos especializados en ETS y análisis económico. A ello se suma un obstáculo cultural clave: el temor a la desinversión. En la práctica, las decisiones de cobertura suelen percibirse como irreversibles, incluso cuando la evidencia muestra bajo valor sanitario. Normalizar la desinversión como parte legítima del ciclo de política pública resulta indispensable para liberar recursos y reasignarlos hacia intervenciones de mayor impacto.

En este escenario, la colaboración entre el sector público, privado y la academia aparece como un acelerador estratégico. “Cuando esta colaboración se institucionaliza y se orienta a reducir incertidumbre y generar evidencia local pertinente, es posible acelerar el acceso sin comprometer la eficiencia ni la sostenibilidad”, destaca Daniela Sugg.

El desafío para los profesionales del área de la salud es ineludible: fortalecer la institucionalidad, invertir en sistemas de información interoperables, desarrollar capacidades técnicas y promover una cultura de aprendizaje y toma de decisiones basada en evidencia. Para profundizar más sobre este y otros temas, que le invitamos a revisar más información del Programa Intensivo en Transformación y Acceso a Mercado de Salud de Alta Dirección FENcontactando a nuestra Ejecutiva de Admisión, Consuelo Galán: cgalan@fen.uchile.cl o visitando nuestro sitio web altadireccion.uchile.cl

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